Como se imprime a doble cara en pdf

Como se imprime a doble cara en pdf se pintó, en 1432, el cuadro supuso un antes y un después de cómo entender la pintura, pero lo más fascinante es que aún hoy la obra sigue levantando pasiones. Ha sido robado en más de 10 ocasiones, troceado, censurado. Ha estado escondido en Bélgica, en Alemania y en Francia.

E incluso Napoleón y Hitler se hicieron con él. Joos Vijd, el rico mercader en paños propietario de la capilla, que encargó la obra. En su momento el cuadro fue una auténtica revolución por la forma de representar el espacio, la profundidad del paisaje y por la luz que hace que ese paisaje sea real. Todo ello con un gusto por el detalle que hace que el cuadro esté lleno de auténticas miniaturas.

Cada fragmento es un cuadro en sí mismo y cuanto más lo miras, más detalles nuevos vas apreciando y más mensajes van apareciendo. Y es que la obra está llena de símbolos y de mensajes más o menos ocultos, y eso ha contribuido en gran medida a esa atracción que ha suscitado a lo largo de la Historia. Es un gran retablo pintado sobre tablas de madera, utilizando un material que acababa de descubrirse: el óleo, y que en esta obra iba a llegar a su máxima expresión. Tu experiencia con el “Cordero Místico” se debe llevar a cabo en dos lugares diferentes dentro de la Catedral. El cuadro original y una reproducción que se encuentra en la capilla Virjd, por detrás del altar mayor. Debes empezar por ésta porque, aunque la copia está muy bien hecha, obviamente dista muchísimo del original y si ves primero el original, esta otra ya no te dirá absolutamente nada.

Pero en cambio la copia tiene un enorme valor, y es que está donde debe estar. Es decir en el mismo lugar en el que estuvo el cuadro durante siglos. Y éste es un cuadro que dialoga con el espacio que le rodea. Disfruta viendo cómo la obra se integra en el espacio y, si tienes la suerte de que el sol entre por las vidrieras, dedica unos buenos minutos a descubrir los juegos de la luz.

La luz va a iluminar una pequeña parte del cuadro, y por un instante la va a resaltar. A veces es un rostro, otras veces una joya, otras un fragmento del paisaje. Y como en un multimedia, instantes después el sol se mueve y resalta otro punto. Como si estuviera contando una historia.

Podría ocurrir que el acceso a la capilla no sea libre en ese momento o que te pidan el ticket de la obra original. En el peor de los casos, siempre queda el mal menor de verlo a través de las rejas. Luego puedes ya puedes ir a ver la obra original. Con el ticket obtienes una audioguía detalladísima que va recorriendo uno a uno de los paneles. Lamentablemente en septiembre de 2012 comenzó una restauración. Sea por unas cosas o por otras, lo cierto es que el cuadro no ha dejado de fascinar desde aquel lejano 1432, 60 años antes de que Colón llegase a América.

El primer peligro serio lo corrió ya en 1556 cuando tuvo que ser escondido rápidamente para salvarlo de las revueltas iconoclastas que destruyeron las vidrieras y otras obras de arte en la iglesia. En época de Napoleón hubo menos suerte, y los soldados franceses se llevaron el panel central a París. Tras la derrota de Napoleón en la cercana Waterloo, la pieza fue devuelta en 1815. Pero la paz duró poco y apenas un año después el vicario general, aprovechando la ausencia del obispo, vendió los paneles laterales a un marchante de arte de Bruselas y acabaron en manos del rey de Prusia. En 1914 durante la Primera Guerra Mundial el panel central se volvió a esconder y esta vez los alemanes, aunque lo buscaron, no consiguieron encontrarlo.

Al acabar la guerra, los paneles del rey de Prusia se devolvieron en cumplimiento del Tratado de Versalles. En 1923, casi 500 años después de ser pintado, el retablo se volvía a reunir y la celebración estuvo a la altura del “milagro”. Segunda Guerra Mundial se preparó todo un plan de salvamento para evitar que la obra cayese en manos de los nazis. Pero en 1940, cuando estaba en Pau, en el sur de Francia, los alemanes la localizaron, se apoderaron de ella y la llevaron al castillo de Luis II de Baviera cerca de Munich, el mítico Neuschwanstein. En 1946 estaba de nuevo en Gante y, tras varias peripecias, en 1986 se volvió a colocar en la catedral.

El relato ha pasado por alto una de las peripecias por las que vivió el cuadro. Y lo ha hecho conscientemente, para dejarla para el final. Es probablemente la más truculenta de todas. Es digna de las mejores novelas negras y, sobre todo, es un caso que aún hoy sigue abierto.